Tenia un sueño. Quería ser bailarina. Recuerdo como si fuera ayer llegar a la escuela, entrar al salón y comenzar a practicar.

Me encantaba el olor de las medias, el leotardo y las zapatillas. Mi época favorita era los ensayos para las funciones. Imaginaba que era ya una bailarina profesional y que bailaba en los más grandes escenarios.

Por un tiempo no pude seguir yendo a las clases de ballet porque mis padres no podían seguir pagándolas. Cuando por fin regrese, ya no estaba al mismo nivel que las demás. Sentía que ya no encajaba. Entendía que ya había pasado mi tiempo. Abandoné y mi sueño no lo cumplí.

El sentimiento de culpa y frustración me acompañaron por un buen tiempo.

De esta experiencia aprendí 3 cosas:

  1. Tener un sueño sin trabajar tu autoestima y emociones, es un sueño que se queda en deseo.
  2. El pasado es solo un recuerdo, no volverá a tu presente por más que quieras revivirlo.
  3. Lamentarte por lo que ya paso no te permite avanzar.

Una vez entendí esto, mi pasado dejo de ser un lamento y se convirtió en un aprendizaje.

Sigo amando el ballet y disfruto verlo con la misma emoción que sentía al practicarlo.

¿Lección? Vive el aquí y el ahora.