Recordemos rápidamente la tormenta que vivió Jesús camino a ser clavado en la cruz:

  1. Fue juzgado y condenado injustamente.
  2. Recibió latigazos.
  3. Le pusieron una corana de espinas.
  4. Llevó una cruz pesadísima solo.
  5. Finalmente le clavaron sus manos y sus pies.

Luego de vivir y sufrir su gran tormenta, llegó la calma. Sin embargo, la calma viene acompañada. Para explicarlo mejor, una tormenta deja destrucción y desorden. Toca vivir la calma en medio de los escombros.

Sin duda alguna, para experimentar la verdadera calma, hay que recoger los escombros.

La tormenta dejará huellas permanentes. Traerá cambios buenos y malos. No todo se recupera. Lo cierto es que, la vida continua.

#ElPensamientoDeKa #Calma