Aybar es poeta, psicólogo y policía. Estaba cumpliendo su servicio en el parque. Ese día se detuvo donde estábamos, porque vio uno de los globos enganchados en la mata.

No me importó recuperar el globo. Sin embargo, el esfuerzo de mi esposo por bajarlo dejó mi zapato enganchado también. ¡Ese si debía tenerlo de vuelta!

Aybar, se encaramó en la mata, bajó mi zapato y el globo también. No tenía por qué hacerlo, pero su espíritu servidor no le permitió dejarnos desamparados. No pidió nada. Ni siquiera lo insinuó.

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