¡Estoy harta! Fue lo primero que dije cuando ayer exploté. No, no me quejo de las tareas que hay que hacer, sino de lo mucho que es.

Ayer era las 11:30 am. y todavía no me había bañado. Levantarme temprano para aprovechar las horas no sirvió de nada. Entre el desayuno, fregar, preparar un jugo de limón, sazonar la carne para cocinar después, lavar las sabanas, las clases de los niños y la tarea, la mañana había terminado y sentía que no había hecho nada.

Esta carga de responsabilidad para que todo se cumpliera era muy grande y me sentía culpable de que algo se quedara sin hacer. ¿Qué clase de madre, ama de casa y trabajadora era? ¡Es que no puedo ni con mi vida! A las 11:31 a.m. entendí que no puedo con todo.

¿Quién está en una competencia de ‘’el más productivo’’? ¡Definitivamente que yo no! No estaba preparada para esto y lo llevo como puedo. Hacer nada también se vale.

¿De qué te sientes culpable? ¿De qué te sientes responsable? A simple vista, el hacer nada no se le ve ninguna ventaja. Estar siempre ocupado, disminuye nuestra calidad de vida. 10 minutos de hacer nada, son suficientes.

Hacer nada es un placer que disfrutamos. Así que, ya estas haciendo algo. Nuestro cerebro depende de este tiempo para recargar y con energía hacer nuestra próxima tarea. Y por último, el hacer nada me ha ayudado a recuperar el control.

Por tu bienestar personal, saca tiempo para hacer nada.

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