¿Eres de los que le da el botón de posponer a la alarma cada mañana? Yo sí. La verdad es que, necesito esos minutos y no para seguir durmiendo. Tengo la particularidad que, si brinco de la cama rápido por las mañanas, me mareo. Así que, esa ‘’pospuesta’’ la espero sentada para no caer como una guanaba cuando me levante. Posponer se convierte en hábito. Créeme, no me paro de la cama si no lo hago así.

Por lo general, posponer sale natural. Es fácil, rápido y cómodo. Me da una sensación rápida de alivio. Pero ¿qué pasa cuando pospongo una tarea importante y no una simple alarma?

Posponer:

  • Te aumenta la carga de trabajo porque lo vas acumulando.
  • Ansiedad porque sientes que no te da el tiempo para hacerlo todo.
  • Menos tiempo para lidiar con lo inesperado.

Aun sabiendo estas cosas, yo sigo posponiendo. Una amiga me conto que, por posponer la visita a una persona para otro día, no pudo llegar a verla porque falleció. Aún después de veinte años, lo recuerda como su  mayor enseñanza. Quizás no llegue el mañana.

Esta reflexión es un ‘’note to myself’’ y espero que se para ti también. ¡A trabajar para no posponer! Te comparto un truco que leí en un artículo: ‘’para no seguir posponiendo las cosas, asegúrate de hacerlas desde que empieza el día’’.

El pensamiento de Ka trabajando para evitar posponer.

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