‘’Prefiero ser una tortuga lenta con sentido y propósito, que una liebre rápida sin ninguna de las dos’’.

Estas palabras las dijo el orador en una actividad que participé ayer. Y por primera vez sentí que por fin alguien dio en el clavo.

Muchas veces no empecé hacer ‘’algo’’ porque entendía que se trataba de tener talento, el ambiente donde crecí y las oportunidades que este me brindó.

Claro que estos factores son importantes, pero no lo son todo. ¿De qué me sirve haber crecido en un ambiente lleno de oportunidades si no tengo pasión por lo que hago? ¿De qué me sirve el talento si no está amarrado a un propósito?

No se trata de velocidad. Se trata de la cantidad de trabajo que estás dispuesto a poner para perseverar con pasión, sentido y propósito.

Empieza donde estas. Las cosas más grandes y hermosas de la vida crecen despacio y en silencio.

Sin prisa y sin pausa todo se alcanza.

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