Cuando las iglesias le dieron permiso para abrir, mi parroquia lanzó el protocolo: solo el 30% de la población en el templo y cada uno, a un metro de distancia, no llevar niños y si ya está llena para cuando llegues no entrarás.

Ya sabes cómo somos los humanos. Mi primera reacción fue: a mí no me verán por ahí. ¿Que yo de mi viaje y que después no pueda entrar? ¡No lo creo! Y, para colmo, ir sola sin mi familia.

Ayer reaccioné y me pregunté a mí misma: mi misma, pero ven acá, ¿por qué estas poniendo peros sin siquiera intentarlo? Entonces, entendí que, cuando no entendemos algo, lo rechazamos. Y para darle más sazón, estamos atravesando una situación donde el rechazo se pone en manifiesto. Estamos en modo negación por meses.  Lo diferente es incómodo. Y cuando algo nos incomoda, ¡atacamos!

El domingo me decidí ir a misa con su nueva modalidad. Y no me arrepiento. Lamente rechazarlo antes de intentarlo. ¿Que si me fui sola? ¡Si! Esa hora la necesitaba solo para mí, para volver a reconectar.

¿Qué haces antes de decir que una comida no te gusta? ¿Qué tal si, antes de rechazar lo intentamos primero?

Hasta la próxima reflexión,

Ka.


KARINA PETIT
Ayudo a las marcas a crear contenido que llame la atención a través del Copywriting. Creadora del blog El Pensamiento de Ka. Contar historias es mi parte favorita del Copy.

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