Experimenté la verdadera libertad. Mi felicidad no depende de las cosas materiales, de otras personas, ni de tener el control de todo.

 

Me liberé de cargas que no me correspondían para evitar contaminar mi existencia. Nadie cambia a nadie.

 

Supe que es más fácil manejar lo que me molesta si tengo mi mente clara. Me protejo espiritual, emocional y mentalmente. Encontré el balance. No puedo darle a los demás lo que no tengo.

 

Aprendí a no avergonzarme de mis fracasos. Entendí que los errores están permitidos, pero no para lamentarme por ellos toda la vida.

 

Tuve fe en mí. Reconocí mis defectos y acepté mis virtudes. No quiero ser como otros, quiero ser como yo.

Mi compromiso más importante es conmigo. Logré conquistarme yo, ahora conquisto afuera.

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