Unos de mis sueños era ser bailarina profesional cuando era pequeña. Amaba asistir a mis clases y me encantaba la adrenalina que vivía cuando tenía una presentación. Por qué abandone es otra historia. Hoy quiero compartirte esto.

Mi niña decía que le gustaba el ballet. Pues aproveche este verano para ponerla en un campamento y probar si era verdad. Pues así era, le encantaba ir a sus clases.

El último día del campamento, nos invitan a los padres a ver lo que las niñas habían aprendido. ¡Oh sorpresa! Después de verlas en acción nos toco a los padres bailar con ellas.

Después de tantos años estaba en un salón bailando. Por un instante, aunque toda oxidada, me convertí en bailarina otra vez.

Ha pasado un tiempo. Si tuvieras la oportunidad de volver hacer cualquier cosa hoy, ¿qué harías?