La semana pasada, después de un largo día de trabajo, mi esposo y yo analizábamos la forma de castigo que fue utilizada a nuestro hijo en el colegio, por una mala conducta.

El estaba de acuerdo. Sin embargo, yo no.

Si estaba de acuerdo en que debía ser castigado, pero no en la forma.

Pasamos un buen rato discutiendo el asunto. Teníamos opiniones diferentes. Y al final quedamos como al principio, en desacuerdo.

En conclusión, ninguno tiene la razón ni esta equivocado. Simplemente, somos de personalidad y temperamento diferentes.

Comprende y acepta que, el ser diferente no es estar equivocado.